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Arte

El silencio lo cuenta todo (2024)

En estas imágenes el cuerpo femenino no posa: carga, espera, se recoge, sostiene. Cada figura aparece de perfil o de espaldas, sin rostro, porque lo que importa no es la identidad sino el gesto: la cabeza que cae, los brazos que rodean lo que todavía no tiene nombre, la espalda que cierra el mundo para proteger algo adentro.

El silencio lo cuenta todo es una serie de pinturas de 2024 construidas con tinta negra y oro sobre fondo neutro. El trazo es directo, a veces violento, a veces apenas sugerido. El sol dorado que aparece detrás de cada figura no ilumina: acompaña. Estas obras hablan de la vulnerabilidad que algunas culturas le imponen al cuerpo femenino, y de las formas silenciosas en que ese cuerpo responde: conteniéndose, sosteniéndose, encontrando en el recogimiento una forma de permanecer.

Son figuras sin nombre y sin tiempo que cualquiera puede reconocer.

Todas las piezas se presentan como ediciones limitadas de 50 unidades, impresas en papel libre de ácido 280 g, numeradas y firmadas a mano por el artista.

Madres de la Tierra (2025)

En estas imágenes se condensa una memoria compartida: la mujer como raíz, como guardiana y sostén de la vida. Cada trazo en blanco y negro evoca la dureza del trabajo, la intimidad de la siembra y la cercanía con los elementos que alimentan la tierra. Son rostros anónimos y universales que hablan de cuidado, resistencia y esperanza.

“Madres de la tierra” es un homenaje a quienes siembran y protegen, a las manos que sostienen el cacao, el maíz o el trigo, a los gestos de ternura que también abrigan a los animales. Son imágenes de fuerza y recogimiento, símbolos de un arraigo profundo con lo esencial.

Todas las piezas se presentan como ediciones limitadas, impresas en Giclée Fine Art, numeradas y firmadas a mano por el artista, acompañadas de su certificado de autenticidad.

Umbrales del Vacío: arquitecturas del recuerdo (2024)

Esta serie reúne una colección de dibujos que nacen de un diario de viaje en el País Vasco, pero que no buscan documentar ni paisajes ni monumentos. Son arquitecturas imaginadas, construcciones simbólicas que emergen de la memoria y la impresión, del silencio de las ciudades y de la sobriedad industrial del norte.

Cada obra plantea un umbral: un pasaje entre lo visible y lo evocado, entre la materia y la idea. No son planos ni esculturas, tampoco ruinas, sino estructuras poéticas que delimitan un gesto: detenerse, atravesar, contemplar. Son arquitecturas afectivas que enmarcan el vacío, otorgándole densidad y sentido.

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